Hechizos, hechiceras y artes mágicas en Toledo

Hechizos, hechiceras y artes mágicas en Toledo

Hechizos, hechiceras y artes mágicas en Toledo

Escribir en las tetas de las mujeres o ingerir semen en repulsivos brebajes eran parte de los hechizos comunes en siglos pasados en Toledo. ¿Cómo eran estos antiguos hechizos y pócimas? ¿Quiénes eran las personas que hacían uso de estos terribles brebajes y qué supuesta utilidad tenían? En este amplio y documentado texto encontrarás algunas respuestas recopiladas por el doctor en Historia Felipe Vidales.

Para los hombres de la Edad Media y la Edad Moderna la naturaleza femenina resultaba un misterio, algo desconocido y por lo tanto una amenaza. La existencia de un personaje que reuniera lo femenino, lo pérfido y lo poderoso resultaba para muchos y en muchos casos la explicación de los males que aquejaban a la sociedad. De ellas era la culpa de las muertes prematuras y de los terremotos, de las malas cosechas y de la impotencia sexual de los hombres, pues en tanto que sexo débil, eran el recurso del que se aprovechaba el diablo para intervenir en la sociedad y sembrar su semilla del mal. Pero, ¿realmente eran ellas per se la naturaleza misma del mal? Claramente No. Toda la liturgia cristiana definía que el mal se encarnaba en el demonio, eso quedaba claro. Pero ellas, las mujeres, especialmente las más heterodoxas en sus creencias y prácticas, eran la vía por la que el demonio conseguía hacer el mal y cumplir su verdadero objetivo: la destrucción del ser humano y de la creación de dios. Y así nació o, mejor dicho, se fabricó y se inventó la bruja.

Hechiceras toledanas

Porque lo más perjudicial para las supuestas brujas era su condición innata de hechiceras, “oficio” al que dedicaban la mayor parte de su tiempo. Fue muchas veces su gran conocimiento botánico para curar ciertas enfermedades, pero también para practicar abortos y controlar embarazos, lo que les valió parte de su (mala) fama, pero también de su negocio, como única vía de ayuda a otras mujeres en situación de necesidad. Y todo eso se unió a la sexualidad. Ellas, las mujeres, “cuya vagina es insaciable y no hay hombre capaz de colmar esa demanda” (como explicaba bien el Malleus Maleficarum) podían arruinar la fecundidad de una mujer, la potencia sexual de un hombre, causar abortos y, en definitiva, anular la voluntad de dios. Este manual de y para inquisidores es una de las cumbres de la literatura misógina, que consiguió exactamente lo contrario de lo que pretendía, ayudando a extender rumores sobre mujeres fantásticas con poderes sobrenaturales. Sus autores escribían que “las mujeres son más crédulas e impresionables. Aman u odian. No tienen intermedio. Tienen la lengua voluble. En una palabra, son más débiles de cuerpo y de mente… por eso están más dispuestas a abjurar de la fe, en donde reside la raíz de la brujería… Toda brujería proviene del deseo carnal, del cual la mujer es insaciable… como consecuencia de ello es mejor denominarla herejía de las brujas que de los brujos, y bendito sea el que ha preservado al género masculino de este crimen horrendo”.

Y esa idea de que estas mujeres liberales y libertinas jugaban a ser dios, ese paso de lo natural (botánico) a lo sobrenatural (mágico y demoníaco) es la clave para entender la historia de las mujeres juzgadas por hechicería y brujería durante los casi cuatro siglos de historia de la inquisición española.

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