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El Conjuro de Santa Marta

Petición de Conjuro a Santa Marta para cosas urgentes

El Conjuro de Santa Marta

Tanto en México como en la Nueva España el conjuro de Santa Marta fue muy popular entre las hechiceras y mujeres que sufrían el desamor. Las referencias literarias de la santa provienen de tiempos bíblicos. Tenía una personalidad fuerte: a Jesús le reclamó su falta de diligencia pues de no haber llegado tarde su hermano Lázaro no habría muerto. Conmovido por sus demostraciones de dolor, Jesús resucitó a Lázaro.

En otra ocasión, la santa ofreció al Nazareno una cena en su casa. Mientras desarrollaba eficientemente su papel de anfitriona, su hermana María Magdalena escuchaba embelesada las palabras de Jesús. Resentida, Marta le pidió al Nazareno que ordenara a su hermana ayudarle en las tareas de la casa. La respuesta recibida favoreció a Magdalena: «Marta, Marta, te agitas y te inquietas por demasiadas cosas, mientras que sólo una es necesaria. La parte que escogió María es la mejor, y no le será quitada».

Este episodio le valió ser identificada con los quehaceres domésticos e imagen de la perfecta hostelera y mujer hacendosa. Actualmente, en la hagiografía popular es la patrona de los posaderos, hoteleros y cocineros. Suele ser representada con una escoba, un cucharón, una cubeta y un manojo de llaves.

En La leyenda dorada aparece un relato que será retomado en las creencias mágicas hispánicas. Se cuenta que Marta llegó milagrosamente desde Palestina hasta el sur de Francia, a un poblado llamado Tarascón. El lugar era entonces asolado por un dragón denominado la Tarasca. La santa pasó al río Duranza, se internó en un bosque donde halló al dragón devorando a un hombre y, rociándolo con agua bendita, lo ató con su ceñidor y lo condujo a la ciudad como si fuera un cordero.

Al domesticar al dragón, simbólicamente Marta domina y acaba con el Mal y se convierte en heroína del cristianismo. En el Tarascón se construyó una iglesia en su honor, donde se guardan sus restos. Actualmente, es centro importante de peregrinación de los cristianos, sobre todo, de los gitanos.

Durante la época medieval, se promovió la veneración de la santa, extendiéndose a los países cristianos, especialmente, a España. En Galicia es donde se sitúa su culto más antiguo y Andalucía, el lugar en que su veneración fue más arraigada.

Ligada a prácticas mágicas, la santa es invocada en conjuros para resolver problemas amorosos de mujeres despechadas y enamoradas. Ciertos elementos de la Leyenda dorada fueron retomados para pedir, por ejemplo, el sometimiento del marido, así como Marta dominó y ató al dragón.

Las hechiceras distinguieron dos tipos de conjuros: el de Santa Marta la Buena y el de la Mala. En estos últimos no sólo se solicita la intervención de la santa para causas amorosas, como pedir el reencuentro entre los amantes, sino también adquiere connotaciones diabólicas. En algunas versiones se pide maleficiar al hombre mediante “ligadura”, es decir, causándole impotencia sexual.

La costumbre de asociar a Santa Marta con las prácticas mágicas continuó en la Nueva España. Al parecer, la versión más antigua del conjuro data de 1592. A lo largo del periodo colonial aparece en los registros inquisitoriales.

El siguiente conjuro fue recitado por Benita del Castillo, que voluntariamente se presentó a los inquisidores para confesar sus delitos, entre ellos, la recitación del Conjuro de Santa Marta. Originaria de Sevilla, de treinta y ocho años de edad, vivía en Puebla en el año 1629. Según se observa en su declaración, era una gran conocedora de conjuros mágicos con fines amatorios. Como se observa en el texto, el dragón es sustituido por una serpiente, un animal más acorde a la realidad novohispana que el mítico animal. La petición que se hace a Santa Marta es muy explícita: someter al varón, quitándole toda voluntad

Madre mía Santa Martha,
digna sois y santa;
de mi señor Jesucristo
querida y amada;
de la Virgen ssantisíma
güéspeda y conbidada.

En el monte Olibete entrastes,
con la serpiente fiera encontrastes,
braba la hallaste,
con vuestros santos conjuros la conjurastis,
con vuestro hisopo la rosiastis,
con vuestra sinta la atastis,
con vuestro pie la quebrantastis,
a los cavalleros de la franco-conquista se la
entregastis:

«Cavalleros, amigos de mi señor Jesucristo,
véis aquí la serpiente braba que braba estaba
mansa, queda,
lega, legada
humilde y atada».

Madre mía, santa Marta,
con aquellos conjuros que conjurastis [a] la
serpiente,
me conjuréis a Fulano
y así me lo pongáis manso, lego, legado,
como pusistis a la serpiente.

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